Hace
ya unas semanas que me muevo por lugares desconocidos, que no dejan de
sorprenderme, las diferentes sensaciones y vivencias son como una lluvia que no
cesa y te cala hasta dentro. Hay momentos en los que cualquiera puede sentirse
desbordado y al igual que cuando llueve necesitas resguardarte.
Pasear
por calles, donde lo “extraño” deja de serlo y la uniformidad no existe, hace
que uno se sienta cómodo y libre, pero sobre todo, que se sienta ciudadano del
mundo; de un mundo donde aparentemente todo es bonito, aunque sabemos existen
diferencias sociales que no vemos si sólo estamos de paso.
Los
comentarios escritos por viajeros profesionales, que tras dos o tres días de
estancia en una ciudad describen lo que consideran es más importante; sugieren qué
debes conocer; dónde comer; cómo moverte, etc., me han servido de poco, no
porque no cuenten lo que han visto sino porque con tan pocos días, la visión
que cualquiera puede adquirir es sesgada y muy limitada. Así que he decidido explorar
por mi cuenta el centro de la ciudad y otros espacios más distantes, pero no
menos interesantes, utilizando los medios de transportes que utiliza la mayoría;
si he necesitado adquirir algo he ido a los mismos establecimientos que
cualquier residente; y ¡cómo no!, he dado las mismas propinas que es “obligatorio”,
porque si no te miran como a un bicho raro.
Me
ha dejado bastante perpleja ver que diariamente me llenan el buzón con
propaganda de productos del Supermercado de la cadena “SPAR”, donde se anuncia
la crema “Nivea” o los jabones “Omo” o “Ariel”. ¡Parece que estuviera en casa!.
Una extensa red de centros comerciales nos ofrece artículos de todo tipo y de
muy diversas marcas, pero muy poco originales. Si alguien que visita el país
por primera vez intentara encontrar algo diferente en estos espacios, no parece
que sea tarea fácil porque lo primero que contemplamos al salir del ascensor
o subir las escaleras de unos grandes almacenes son grandes escaparates en los que estilizadas
maniquíes lucen los modelos de Zara; o tropezamos con una enorme
tienda de juguetes de la cadena “Tois R us”, que ofrece los mismos “legos” o
idénticas “Disney Princess” que ya hemos visto anteriormente; y en el
supermercado no falta el aceite “Carbonell”, aunque algo más caro. No obstante, sí existe una
diferencia que salta a la vista, muchos de estos edificios han sido diseñados
por arquitectos de vanguardia y no recuerdan para nada a las tristes y
monótonas fachadas del Corte Inglés.
Otra
alternativa para adquirir productos son los mercados llenos de colorido, y abarrotados
de las cosas más diversas, que se ofrecen en multitud de puestecitos, en los
que incluso se puede comer. Estos sí que tienen personalidad propia.
Esta
fotografía corresponde a un mercado que solo funciona los domingos porque
durante la semana es un lugar de aparcamiento de coches. Sinceramente vale la
pena verlo aunque no vayas a comprar.
Los
ratos libres es posible ocuparlos de mil formas. No hay tiempo para aburrirse.
Esta semana probablemente vaya a una representación
de “Rebelión en la Granja” de George Orwell, adaptada al teatro. Aunque fue
publicada en 1945, los hechos descritos son de plena actualidad y pueden
suceder en cualquier latitud. En esta ocasión, además de situar la historia en
el momento presente, se ha cuidado de que responda al contexto cultural del
país y promete ser interesante… ¿pero de qué país se trata?.…
El próximo día os lo voy a contar y
también cómo fue la actuación. En adelante ya no jugaré a despistar. Contaré
anécdotas y seguiré hablando de mis impresiones, que por supuesto no dejarán de
ser subjetivas.



