Acabo de leer en el País del día 7 de marzo un artículo firmado
por Vicente Jiménez con el siguiente titular:
Nicholas Wade: “No soy racista”El autor de 'Una herencia incómoda' enfada a los científicos al defender la influencia de los genes en el comportamiento. Ciencia y política, dice, son terrenos distintos
Nicholas Wade (1), escritor británico de 72 años que desde 1982
hasta 2012 ha estado trabajando en la redacción del New York, opina que las
diferencias genéticas entre diferentes poblaciones han sido ignoradas por
razones políticas, o por temor a que su estudio pudiera promover racismo.
Afirma que “….al preguntar a los científicos, apenas
pronunciaban la palabra raza, todos se sumían en un silencio sepulcral…”. Para
este autor es evidente que se trata de un tema importante sobre el que los
académicos e investigadores no están diciendo a la gente toda la verdad.
En este sentido, he creído interesante tirar de hemeroteca y he
encontrado el siguiente artículo publicado en este mismo medio en el año 1985
que reproduzco literalmente.
José F. Beaumont Madrid 22 JUL 1985
“El psicólogo norteamericano Leon Kamin sostiene que las teorías
racistas de colegas suyos como Jensen y Hermstein sobre la determinación
genética de la inteligencia no tienen consistencia científica. Frente a estos
psicólogos Kamin defiende que no está demostrado que los negros y algunos
miembros -empleados y trabajadores- de las clases bajas tengan una inteligencia
distinta a la de los blancos y la clase media alta. ….”
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En el momento en que Kamin comenzó a mostrar interés por los
componentes ideológicos "estaban de moda las ideas del psicólogo Jensen,
que sostenía que los negros y algunos miembros de las clases bajas tenían otro
tipo de inteligencia". Jensen defendía que había dos tipos de
inteligencia: de nivel 1 y de nivel 2. El nivel 1 correspondía a una
inteligencia mecánica, de aprendizaje memorístico y asociación simple, y estaba
difundida entre los negros y otras personas, como desempleados y trabajadores
de clases bajas, referidos fundamentalmente a la raza negra.
Por el contrario, la inteligencia de nivel 2 sería una
inteligencia abstracta, que se daría entre los blancos y la clase media alta.
Los defensores de esta teoría pretendían resaltar, según Kamin, el carácter
hereditario del grado de inteligencia. ".
Esas características se consideraban heredadas, y la
consecuencia de todo ello era apoyar la opinión de que no tenía mucho sentido gastar
dinero en la educación de gente con una inteligencia de nivel 1, porque su
problema era de carácter genético y por ello había pocas posibilidades de
mejorar la situación".
"Estas hipótesis pretendidamente demostradas iban, además,
claramente en contra de los proyectos iniciados unos años antes por la
Administración Kennedy en Estados Unidos para intentar mejora la educación de
esos sectores más desfavorecidos, además de que estaba relacionado directamente
con el coste de la guerra de Vietnam", dice Leon Kamin.
Fraude en los datos
El psicólogo norteamericano fija el comienzo de su contestación
a las tesis genetistas en el momento en que Hermstein, seguidor de las teorías
de Jensen, pronunció una conferencia en Princeton, que fue contestada y criticada
por los estudiantes radicales. "Los datos utilizados por Hermstein se
basaban en un artículo de Cyril Burt, que había trabajado sobre la herencia de
la inteligencia, estudiando individuos emparentados en distintos grados, entre
ellos gemelos idénticos".
Kamin recuerda cómo después de leer aquel artículo llegó a la
conclusión de que "los datos utilizados eran un fraude, cosa que poco
después, sobre todo tras la muerte de Burt, se comprobó". "Burt había
transformado los datos que, en principio, parecían increíblemente claros. Por
ello se ajustaban perfectamente a lo que quería demostrar, no soportaban
ninguna objeción y todas las críticas estaban ya contestadas. Precisamente por
ello pudimos pensar inicialmente que eran inventados, como luego efectivamente
se llegó a descubrir".
A partir de aquel momento Kamin comenzó a investigar
sistemáticamente el problema, a analizar todos los datos que ofrecían los
defensores de esta tesis, y se dedicó "a desmontarlos sistemáticamente y,
en última instancia, a demostrar que eran datos sin fundamento".
En la actualidad, el cociente intelectual y la esquizofrenia son
los dos aspectos más importantes en los estudios de Kamin. Respecto a la
posibilidad de que exista una determinación genética del cociente intelectual,
el psicólogo norteamericano opina que "las mejores pruebas a favor de ello
parece que son inventadas, pero sí se establece una diferencia entre el
cociente intelectual y la inteligencia; se puede decir que esta última no se
puede medir, aunque el cociente intelectual pretende ser una medida de
ella".
"Conocemos que los padres con altos cocientes intelectuales
tienen hijos también con altos cocientes intelectuales, pero también sabemos
que los padres a los que les gusta la paella tienen hijos a los que también
puede gustarles o no la paella y, sin embargo, no concluimos por todo ello que
los españoles tienen unos genes determinados por los que les guste la
paella", añade Kamin.
Conclusiones ambiguas
El problema se puede resumir, según el psicólogo norteamericano,
en la consideración de que "los factores genéticos y ambientales van
juntos y no se pueden separar". "En un mundo de ciencia ficción
podrían separarse tales factores, pero no en un mundo real, porque sería
metodológicamente imposible. Algunos aspectos de la psicología pueden someterse
a experimentación y llegar a conclusiones menos ambiguas, pero en este caso es
imposible experimentar y tampoco existe un consenso en la comunidad
científica".
A lo expuesto en este artículo podemos añadir que Kamin, y
Eysenck publicaron conjuntamente en 1981 una obra titulada “La confrontación
sobre la inteligencia ¿Herencia Ambiente?”, que pretende resumir el amplio
debate entre las posiciones genetistas de Eysenck, quien mantiene que la
existencia de diferencias psicológicas heredadas es un hecho que se puede
contrastar empíricamente, frente a las posiciones de Kamin que afirma: “...El
hecho importante es que no podemos decir qué sexo o raza es más inteligente,
porque no tenemos forma de medir la inteligencia. Tenemos solo tests de
CI. “
El dilema entre herencia y ambiente no ha perdido fuerza y sigue
suscitando debate, pero gracias a las avances en genética de la conducta, hoy
se ve reforzado el papel de las interacciones entre herencia y ambiente, a la
vez que se pone de relieve la imposibilidad de estudiar la influencias
ambientales con independencia de las características de la persona, es decir,
la misma experiencia que para alguien es positiva, para otros puede resultar
fatal resultando difícil la generalización.
Es evidente que el señor Wade en la redacción del New York Times
no dispuso de tiempo suficiente para documentarse, y es una pena porque títulos
como “Race Intelligence and Education (1971)” de Eysenck le habrían encantado.
(1) No
confundir con Nicholas J. Wade psicólogo y académico británico; profesor emérito en
el Departamento de Psicología de la Universidad de Dundee en Escocia, y autor
de libros y artículos sobre la percepción visual.
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