Cada día afrontamos nuevos retos pero como diría Machado «Se hace camino al andar»

Que ni la duda o el miedo te detengan,

que tu mente vuele ágil como el águila,

pendiendo de la cuerda del rápel

mientras respiras libertad.

Te deslizas como la corriente del río

que se adapta al camino,

Compartes los tesoros conseguidos

siguiendo las «Estelas en la mar»… … …

domingo, 8 de marzo de 2015

¿Quién está enfadado?




Acabo de leer en el País del día 7 de marzo un artículo  firmado por Vicente Jiménez con el siguiente titular:

Nicholas Wade: “No soy racista”El autor de 'Una herencia incómoda' enfada a los científicos al defender la influencia de los genes en el comportamiento. Ciencia y política, dice, son terrenos distintos

Nicholas Wade (1), escritor británico de 72 años que desde 1982 hasta 2012 ha estado trabajando en la redacción del New York, opina que las diferencias genéticas entre diferentes poblaciones han sido ignoradas por razones políticas, o por temor a que su estudio pudiera promover racismo. Afirma que “….al preguntar a los científicos, apenas pronunciaban la palabra raza, todos se sumían en un silencio sepulcral…”. Para este autor es evidente que se trata de un tema importante sobre el que los académicos e investigadores no están diciendo a la gente toda la verdad.

En este sentido, he creído interesante tirar de hemeroteca y he encontrado el siguiente artículo publicado en este mismo medio en el año 1985 que reproduzco literalmente.

El psicólogo Leon Kamin desmonta las teorías racistas sobre la inteligencia

Los negros no están determinados genéticamente para ser inferiores a los blancos.
José F. Beaumont Madrid 22 JUL 1985

“El psicólogo norteamericano Leon Kamin sostiene que las teorías racistas de colegas suyos como Jensen y Hermstein sobre la determinación genética de la inteligencia no tienen consistencia científica. Frente a estos psicólogos Kamin defiende que no está demostrado que los negros y algunos miembros -empleados y trabajadores- de las clases bajas tengan una inteligencia distinta a la de los blancos y la clase media alta. ….”

Más información

En el momento en que Kamin comenzó a mostrar interés por los componentes ideológicos "estaban de moda las ideas del psicólogo Jensen, que sostenía que los negros y algunos miembros de las clases bajas tenían otro tipo de inteligencia". Jensen defendía que había dos tipos de inteligencia: de nivel 1 y de nivel 2. El nivel 1 correspondía a una inteligencia mecánica, de aprendizaje memorístico y asociación simple, y estaba difundida entre los negros y otras personas, como desempleados y trabajadores de clases bajas, referidos fundamentalmente a la raza negra.

Por el contrario, la inteligencia de nivel 2 sería una inteligencia abstracta, que se daría entre los blancos y la clase media alta. Los defensores de esta teoría pretendían resaltar, según Kamin, el carácter hereditario del grado de inteligencia. ".

Esas características se consideraban heredadas, y la consecuencia de todo ello era apoyar la opinión de que no tenía mucho sentido gastar dinero en la educación de gente con una inteligencia de nivel 1, porque su problema era de carácter genético y por ello había pocas posibilidades de mejorar la situación".



"Estas hipótesis pretendidamente demostradas iban, además, claramente en contra de los proyectos iniciados unos años antes por la Administración Kennedy en Estados Unidos para intentar mejora la educación de esos sectores más desfavorecidos, además de que estaba relacionado directamente con el coste de la guerra de Vietnam", dice Leon Kamin.



Fraude en los datos

El psicólogo norteamericano fija el comienzo de su contestación a las tesis genetistas en el momento en que Hermstein, seguidor de las teorías de Jensen, pronunció una conferencia en Princeton, que fue contestada y criticada por los estudiantes radicales. "Los datos utilizados por Hermstein se basaban en un artículo de Cyril Burt, que había trabajado sobre la herencia de la inteligencia, estudiando individuos emparentados en distintos grados, entre ellos gemelos idénticos".

Kamin recuerda cómo después de leer aquel artículo llegó a la conclusión de que "los datos utilizados eran un fraude, cosa que poco después, sobre todo tras la muerte de Burt, se comprobó". "Burt había transformado los datos que, en principio, parecían increíblemente claros. Por ello se ajustaban perfectamente a lo que quería demostrar, no soportaban ninguna objeción y todas las críticas estaban ya contestadas. Precisamente por ello pudimos pensar inicialmente que eran inventados, como luego efectivamente se llegó a descubrir".

A partir de aquel momento Kamin comenzó a investigar sistemáticamente el problema, a analizar todos los datos que ofrecían los defensores de esta tesis, y se dedicó "a desmontarlos sistemáticamente y, en última instancia, a demostrar que eran datos sin fundamento".

En la actualidad, el cociente intelectual y la esquizofrenia son los dos aspectos más importantes en los estudios de Kamin. Respecto a la posibilidad de que exista una determinación genética del cociente intelectual, el psicólogo norteamericano opina que "las mejores pruebas a favor de ello parece que son inventadas, pero sí se establece una diferencia entre el cociente intelectual y la inteligencia; se puede decir que esta última no se puede medir, aunque el cociente intelectual pretende ser una medida de ella".

"Conocemos que los padres con altos cocientes intelectuales tienen hijos también con altos cocientes intelectuales, pero también sabemos que los padres a los que les gusta la paella tienen hijos a los que también puede gustarles o no la paella y, sin embargo, no concluimos por todo ello que los españoles tienen unos genes determinados por los que les guste la paella", añade Kamin.

Conclusiones ambiguas

El problema se puede resumir, según el psicólogo norteamericano, en la consideración de que "los factores genéticos y ambientales van juntos y no se pueden separar". "En un mundo de ciencia ficción podrían separarse tales factores, pero no en un mundo real, porque sería metodológicamente imposible. Algunos aspectos de la psicología pueden someterse a experimentación y llegar a conclusiones menos ambiguas, pero en este caso es imposible experimentar y tampoco existe un consenso en la comunidad científica".

A lo expuesto en este artículo podemos añadir que Kamin, y Eysenck publicaron conjuntamente en 1981 una obra titulada “La confrontación sobre la inteligencia ¿Herencia Ambiente?”, que pretende resumir el amplio debate entre las posiciones genetistas de Eysenck, quien mantiene que la existencia de diferencias psicológicas heredadas es un hecho que se puede contrastar empíricamente, frente a las posiciones de Kamin que afirma: “...El hecho importante es que no podemos decir qué sexo o raza es más inteligente, porque no tenemos forma de medir la inteligencia. Tenemos solo tests de CI.  “

El dilema entre herencia y ambiente no ha perdido fuerza y sigue suscitando debate, pero gracias a las avances en genética de la conducta, hoy se ve reforzado el papel de las interacciones entre herencia y ambiente, a la vez que se pone de relieve la imposibilidad de estudiar la influencias ambientales con independencia de las características de la persona, es decir, la misma experiencia que para alguien es positiva, para otros puede resultar fatal resultando difícil la generalización.

Es evidente que el señor Wade en la redacción del New York Times no dispuso de tiempo suficiente para documentarse, y es una pena porque títulos como “Race Intelligence and Education (1971)” de Eysenck le habrían encantado.



(1) No confundir con Nicholas J. Wade psicólogo y académico británico; profesor emérito en el Departamento de Psicología de la Universidad de Dundee en Escocia, y autor de libros y artículos sobre la percepción visual.

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