Hay que ver cuantas
horas han sido invertidas a través de la historia en teorizar cómo ser felices; filósofos, escritores,
humoristas…, etc. han aportado interesantes conclusiones. Los medios utilizados
han variado según la época: ensayos, novela, cine, teatro, música... y aunque
la lista de los que han creído haber encontrado una fórmula que al menos se
aproxime a cómo lograrlo es interminable, todavía seguimos buscando.
En el Quijote
encontramos el deseo permanente del hidalgo de ir tras la felicidad que a veces
sí consigue
“..La del alba sería
cuando Don Quijote salió de la venta, tan contento, tan gallardo, tan
alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le reventaba por las
cinchas del caballo..”, pero esta dicha pronto se torna en desgracia cuando en
una de sus andanzas cae Rocinante “…y fue
rodando su amo una buena pieza por el campo, y queriéndose levantar, jamás
pudo: tal embarazo le causaba la lanza, espuelas y celada, con el peso de las
antiguas armas….”
Quizás es que no
existe como la imaginamos, por eso escritores como Pérez Reverte recomienda
educar a los jóvenes
“...no para ese mundo nuevo y maravilloso que nunca va a existir y que cuando
se enfrenten a él se les caiga todo el castillo de naipes, sino para decirles
que siempre hay un iceberg delante del Titanic, que siempre hay un tsunami en
la playa paradisíaca. Educarlos para eso: para sobrevivir, para soportar, para
no ser excesivamente infelices.
Y por qué no verlo
con cierto sentido del humor al estilo “Groucho Marx” que con aire solemne
dice:
“…
Hijo mío la felicidad está hecha de pequeñas cosas.
Un
pequeño yate
Una pequeña mansión
Una pequeña fortuna….”
Una pequeña mansión
Una pequeña fortuna….”
Aunque no seamos todo
lo felices que evidentemente nos merecemos, al menos, sí está a nuestro alcance
adoptar cierto sentido del humor y reírnos a ratos, incluso de nuestros propios
defectos, es cuestión de practicar.
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