No es esta una
frase novedosa, pero la considero muy
oportuna en el día del libro, y aunque
antigua, hoy es de plena actualidad.
La idea de
que una sociedad que descuida la educación no progresa hace ya dos siglos que
comenzó a contemplarse en las leyes de nuestro país. La Constitución de Cádiz
de 1812 estableció en su artículo 366 “En todos los pueblos se establecerán
escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer,
escribir y contar……”
La intención
de la ley era buena, pero la realidad nos dice algo muy distinto. La diferencia
entre áreas rurales o urbanas y entre unas y otras poblaciones siguió siendo
brutal, por ejemplo, el censo de Morón de la Frontera (Sevilla), lugar donde se
produce una de las más importantes revueltas campesinas en 1857, indica que en
1860 había casi un 90% de analfabetos absolutos.
Afortunadamente esto es historia, pero
realmente ¿Se lee mucho en nuestro país?.
Los hábitos de lectura según datos publicados por el Centro de
Investigación Sociológica (CIS), en enero de 2015 revelan que el 35% de los
encuestados no lee “casi nunca” o directamente “nunca”. Y ante la pregunta de
¿por qué más de uno de cada tres españoles apenas abre un libro? La
respuesta principal y probablemente la
más espontánea: un 42% asegura que no le gusta o no le interesa.
Respecto a los
hábitos de compras, a lo largo del último año, la mitad de los encuestados no
ha comprado ni un libro, lo cual había sido confirmado por la Federación de Gremios de Editores que
informa que la recaudación ha
retrocedido a niveles de 1994.
Podríamos todavía
ser optimistas y pensar que hoy hay más bibliotecas y no necesitamos comprar
los libros; o que se está generalizando el formato electrónico que es más
asequible, pues bien, nada de esto es cierto. Según la misma encuesta, un 70%
no ha ido a una biblioteca y respecto a que el formato digital se esté
imponiendo, cuatro de cada cinco lectores (79,7%) prefieren el formato físico,
y un solo 11,1% se decanta por el digital.
En mi opinión, que
es más intuitiva que razonada, creo que los jóvenes leen y escriben menos.
Probablemente en la escuela se trabaja superficialmente la motivación, la comprensión
y la expresión y no se crean lectores porque para ello no basta con dominar el
código de la lengua escrita.
Si hiciéramos una
encuesta a los jóvenes y preguntáramos qué saben del premio Miguel de Cervantes
y del escritor que lo ha recibido este año ¿qué nos responderían?. Y no digo
nada si la encuesta la dirigiéramos a adultos.
En general,
no escogemos los libros porque tengamos un gusto definido sino en función de la
propaganda desarrollada a través de distintos medios, o quizás el gusto nos lo
imponen los propios medios, por ejemplo,
el libro La ladrona de libros de Markus Zusak que narra las aventuras de
una niña de 9 años, fue publicado hace nueve años, pero su popularidad y por
tanto las ventas no han sido exitosas hasta que ha sido adaptado al cine a
finales del año 2013.
Gabriel García
Márquez, entendió que la historia contada debía motivar al lector y se esforzó
al máximo para hacer atractiva la lectura, tanto que en su familia llegó a
escatimarse la comida para poder comprar folios en los que escribir…..y lo que
es peor, una vez que terminó su obra cumbre no pudo permitirse enviar el tomo completo al editor en Buenos
Aires porque “Cien años de soledad”, quinientas cuartillas a máquina a doble
espacio pesaban mucho…. Y el gasto del correo, 82 pesos, superaba la cantidad
de que disponía, 53. Envió solo la mitad y la otra mitad tuvo que esperar a ser
enviada hasta que la imaginación y creatividad dieron con la solución para
conseguir los pesos restantes: empeñar objetos como un calentador y una
batidora.
Un entusiasta
lector de Gabriel García Márquez, a quien califica de “sembrador de
lectores”, cuenta su experiencia “.
...Después de la secundaria, en mi siguiente ciclo escolar, me dejaron leer una
obra de un autor para mí absolutamente desconocido. Aunque debo decir que
prácticamente todos lo eran, porque fuera de los libros de texto en mi hogar no
había esos objetos … Leí Relato
de un náufrago conforme al deseo de Gabriel García Márquez, en la
completa ignorancia sobre quién lo había escrito, porque su nombre carecía de
total relevancia para mí .… . Inicié la lectura por obligación, pero casi en el
primer párrafo tuve un arrebatamiento. Leí sin parar; quería saber cómo
terminaría la increíble aventura del marinero Luis Alejandro Velasco, quien
sobrevivió al naufragio y estuvo a la deriva en una balsa 10 días sin comer ni
beber. Lo paradójico es que ese náufrago, más bien el para mí desconocido que
escribió esa odisea, me llevó a la tierra firme de la lectura …..". (www.teleSURtv.net)
El peso
(físico) de esas cuartillas fue como una premonición del peso o impacto que
tendría su creación literaria en millones de personas no solo hispanohablantes
sino de cualquier otra lengua.
El autor de la
leyenda de los Buendía y Macondo y de tantas otras más, logró mucho más que
muchas campañas que tratan de promocionar
la lectura; el uso de las
palabras, muchas de ellas nunca antes escuchadas, ha maravillado a quienes se
han tropezado con ellas y conocido su significado y sobre todo, hoy es un
personaje mítico, porque todos los latinoamericanos se sienten
representados en sus obras.
Sabemos que
los españoles leemos menos que los europeos; la media europea, se sitúa en
torno al 70% y en Francia, nuestro país
vecino, estudios revelan que el 85% de los franceses se declara lector;mientras que en Finlandia son el 90%. Pero esto no
fue siempre así, por el contrario en el pasado el índice de lectores era
mayor en España que en Europa; en el Siglo XVII Ávila registra el índice más
alto de personas que saben leer (52,4% cristianos, 64,3% moriscos), y según García de Enterría, es a partir de los siglos XVIII y XIX cuando
este desequilibrio se invierte. Es posible que dentro de unas décadas podamos
decir, en España gracias a la riqueza literaria que atesoramos y a las estrategias desarrolladas, se ha
recuperado el gusto por la lectura y los
índices superan el 90%.
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