Recientemente
diversos medios se han hecho eco del final de un programa televisivo porque se
considera gran noticia. Se trata del
programa en español, emitido desde Miami por el canal UNIVISION, conocido como Sábado Gigante, una mezcla de Benny Hill, Sábado
Noche en vivo y El Precio Justo, que finalizará el próximo septiembre y cuya
muerte desde mi punto de vista estaba
más que anunciada.
Aprovechando
que las noches de sábado los latinoamericanos las pasan en familia, este
programa pudo introducirse en todos los hogares con gran
facilidad y de esta forma su audiencia superó los dos millones
solo en EEUU. Por todo ello se le atribuye el mérito
de haber servido de nexo de unión y
procurado divertimento a toda una comunidad latina; pero en sus
cincuenta y tres años de vida, las cosas han cambiado mucho y las audiencias
que antes lo toleraban porque al menos era en un idioma que entendían, superaron
barreras y afortunadamente ahora son mucho más exigentes y críticas.
Durante un tiempo fue
altamente rentable. En un artículo publicado en El País el 28 de abril por
Verónica Calderón, “La fuerza latina de Sábado gigante. El programa más longevo en la
historia de la televisión según los récord Guinness se despide tras 53 años de transmisión”, se afirma
que se transmite en 13 países de América Latina, y cuenta con tal cantidad de
anunciantes que se producen distintas versiones para los mercados más grandes. Este artículo dedica grandes elogios al
programa al que califica de “Gigante de los ratings” y le atribuye, desde mi punto de vista de forma totalmente
distorsionada e inmerecida, haber
contribuido a la creación del imaginario colectivo de toda una comunidad Latina
. Asegura que “El programa ha tenido por invitados a George W. Bush y Barack Obama y
hasta ha sido parodiado por Saturday Night Live, el alma máter de la comedia
estadounidense: una auténtica graduación para quien busque considerarse un
icono pop norteamericano”.
Este espacio, aunque diseñado para
procurar entretenimiento, en ocasiones ha divulgado entrevistas realizadas por
su presentador, Mario Kreutzberger, a George W. Bush y a Barack Obama en
momentos de elecciones presidenciales, con el objetivo de captar el voto de los
cerca de siete millones de latinos; o
incluso ha entrevistado a Michel Obama en una escuela secundaria de Maryland,
en el contexto de una campaña sobre becas en febrero de 2015; pero es
totalmente falso que hayan sido invitados a visitar el plato y que acudieran al
mismo.
El
programa fue enfocado en general, para que los latinos se
vieran representados en él, y vaya que si lo fueron, pero de formas altamente denigrantes.
La cosificación
de la mujer en el programa no solo afectaba a las concursantes de “Miss Colita” (Miss Trasero), sino también a mujeres de cualquier edad,
escogidas entre el público, a las que el presentador agarraba por la muñeca, el
codo o la cintura y dedicaba los comentarios inapropiados acostumbrados.
La
Cuatro dientes”, un personaje habitual en los sketches, resulta patética en el
intento de representar a una mujer entre salvaje y primitiva, tanto si entra en
escena repartiendo entre el público los plátanos que lleva en una cesta; o
cuando recibe una supuesta herencia de un pariente de África que le es
entregada por un hombre llegado de ese continente, que apenas cubre su cuerpo
con un trozo de tela que simula una piel de guepardo y luce un pelo despeinado
sujeto por un gran hueso.
Los
niños, que también están presentes; en general son espontáneos, inteligentes y
resultan encantadores y si son de corta edad más, pero ¡qué pena cuando deben hacer
preguntas a actores o actrices del propio programa!. Se han aprendido un guion que no entienden y que
correspondería a cualquier adulto. Evidentemente
no es un programa infantil.
Me ha llamado la atención tristemente una
parte del programa cuyo objetivo es realizar diagnósticos de paternidad de
personas que previamente lo han solicitado. Es lamentable cómo se explota el
sufrimiento de quienes han accedido a realizarse la prueba de ADN; cómo se potencia la incertidumbre y se recrea
en la ansiedad que experimentan estas personas delante del público, mientras esperan que un individuo con bata blanca (quizás para
dar imagen de cientificidad) lea en alto y para todos los presentes, el
resultado del análisis. Además de ser humillante para quienes no ven confirmadas sus
sospechas, resulta vergonzoso constatar cómo se juega con los sentimientos de los
más débiles. He sentido una inmensa sensación de rechazo viéndoles llorar,
moqueando sin un pañuelo con el que limpiarse, indefensos ante unas cámaras
despiadadas de las que no pueden escapar.
Medios como Univisión no han contribuido a la
difusión de los aspectos positivos que las diferentes culturas latinoamericanas
podían aportar, aunque eran muchos, no era ese su objetivo, por el contrario,
sobre unos esquemas simplistas, sesgados y faltos de rigor, basados en tópicos
y estereotipos que convenían socialmente en ese momento, han tratado de
construir un común denominador en el que incluir a cuantos hablasen el mismo
idioma independientemente de su origen; no nos sorprenda que también catalanes,
andaluces, madrileños, etc. estemos bajo esos parámetros teniendo en cuenta que
a una gran mayoría de estadounidenses España les suena a Méjico y a su
gastronomía.
Al contrario de lo
que se ha llegado a afirmar “La fuerza de Sábado Gigante creció con el
poder de la comunidad latina ” (El
Pais, 28 de Abril), la fuerza de Sábado Gigante creció con el poder de
determinados medios de comunicación, para canalizar el potencial de la
comunidad latina en su beneficio. Y es precisamente el poder de la comunidad que
se ha gestado al margen del programa y se ha liberado del mismo, quien ha acabado con él.
Afortunadamente en el imaginario
colectivo de los cerca de siete millones de latinos no han cuajado los
prejuicios raciales y eslóganes, que Sábado gigante trató de perpetuar, por el
contrario, tiene otros contenidos y son rechazadas las actitudes racistas,
machistas y prepotentes, que han caracterizado los guiones que a los diferentes
actores del reparto ha tocado representar, entre los que Mario Kreutzberger (Don
Francisco) es uno más.
De acuerdo con Aura
Bogado (The Guardian, 20 de abril),
“Los latinos superaron el racismo y la misoginia de Sábado Gigante mucho antes
de que este acabe”, “…Sábado Gigante unió a los latinos a través de continentes
y generaciones, pero su misoginia y racismo se convirtieron en sus señas de
identidad y tanto Sábado
Gigante como su presentador simbolizan algunos de los
peores supuestos de la cultura latina, por lo que ambos debieron haber
sido rechazados hace tiempo…”. Comparto su opinión y desde mi punto de
vista, creo que es mejor pasar página e incidir en otras señas de identidad más positivas que
quedaron escritas para la historia, con la seguridad de que a éstas seguirán
otras en el futuro.
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