¿En qué consiste un estereotipo?
Desde el punto de vista cognitivo los estereotipos son un conjunto de
creencias compartidas sobre las características atribuidas a un grupo social;
esta percepción que los grupos tienen unos de otros surge en el marco de las
interrelaciones y cumple funciones sociales e individuales importantes como
pueden ser facilitar la integración, justificación de diferencias, etc.
Son una especie de categorizaciones sociales que nos vienen dadas y que vamos completando, de acuerdo con teorías implícitas, como si se tratara de integrar piezas sueltas de un puzle que contienen información en un todo creíble, con el fin de conformar una historia coherente del grupo; para lo cual, no es suficiente la inclusión de una serie de atributos, sino que además los estereotipos incluyen la explicación subyacente que une a esos adjetivos. Para estudiosos del tema como Miguel Moya, tienen un fin «Mantener la estabilidad del statu quo»
¿Por qué se mantienen?
Los estereotipos tienden a mantenerse invariables, a pesar de que exista información objetiva que no apoye tales creencias. En este sentido podríamos argumentar que los estereotipos son estructuras rígidas difíciles de modificar a pesar de contar con información contradictoria; que tendemos a ignorar de forma sutil la información inconsistente con nuestras creencias; o bien que prestamos más atención a la información que confirma nuestras expectativas previas y no atendemos a la que las rechaza, salvo que la incongruencia sea muy fuerte.
No obstante, caben otras explicaciones, por ejemplo autores como Hoffman y adjudican a los estereotipos la función de justificar la realidad social; los estereotipos de género, por ejemplo, reflejan, reproducen y permiten la división social de roles mediante la atribución a cada sexo de aquellas cualidades esperadas para la ejecución de sus respectivas funciones sociales.
Desde el enfoque de la Teoría de la dominancia social
de Sidanius se postula que las sociedades minimizan el conflicto grupal
generando consensos en ideologías que promueven la superioridad de un grupo
sobre los otros.
En esta misma línea Echebarría defiende que «Los
prejuicios deben ser considerados como ideologías», lo
cual nos llevaría a catalogar como
prejuicio cualquier discurso cuya función fuera justificar y mantener
relaciones de opresión existentes en un contexto social dado, en contra de los
miembros de una determinada categoría o grupo social.
Algunas evidencias
En la literatura, de forma novelada, frecuentemente
encontramos relatos que evidencian como se alimentan estas creencias y a qué
intereses responden, por ejemplo en la novela de J. M. Coetzee «Esperando a
los bárbaros» el protagonista, un magistrado, expone «Siempre me ha dado lástima
ver cómo esa gente cae víctima de la astucia de los tenderos, intercambia sus
bienes por baratijas y se emborracha hasta perder el sentido, confirmando así
la letanía de prejuicios del colonizador: los bárbaros son vagos, inmorales,
sucios, estúpidos. Decidí que cuando la civilización supusiera la corrupción de
las virtudes bárbaras y la creación de un pueblo dependiente, estaría en contra
de la civilización... ».
En Sudáfrica la ideología del apartheid, cuyo
propósito era asegurar el poder de la clase dominante, a través de la
simplificación y generalización excesiva, redujo a las personas de color a unas
pocas características simples y esenciales o estereotipos, mientras los blancos eran ensalzados. Por
ejemplo, en la década de los ochenta, Du Preez tras analizar 53
libros de texto utilizados en escuelas
de afrikaners blancos;
negros; y en escuelas inglesas, logró identificar doce símbolos claves que subyacían a la identidad afrikaner
durante la era del apartheid. Citamos algunos de ellos: Los blancos son
superiores, mientras que los negros son inferiores. La autoridad legal no se
cuestiona. El Afrikaner tiene una
relación privilegiada con Dios. Sudáfrica por derecho le pertenece al afrikaner.
Los medios de comunicación
Los medios de comunicación
ejercen una gran influencia en el mantenimiento de los estereotipos. Cohen en
1963 sugería que «la prensa no tiene mucho éxito en decir a la gente qué tiene
que pensar, pero sí lo tiene en decir a sus lectores sobre qué tienen que
pensar» (Teoría de la Agenda Setting).
Robyn Quin en «La Revolución de los medios audiovisuales». Expone «Los Medios de comunicación refuerzan
las opiniones generales de la gente y sirven para definir el contenido del estereotipo para su
público, recurriendo a la presentación y repetición de representaciones
coexistentes. El contenido del estereotipo que aparece en los medios viene de
la interpretación social de un grupo…… Ciertos atributos del grupo que radican
en su condición social son descritos como si fuesen la causa de la misma
condición social. Se invierten causa y efecto y los efectos se evalúan
negativamente y se citan como la causa de la situación inferior del aborigen,
como en el ejemplo de los aborígenes y su problema con el alcohol y
su combatividad. ……Estas interpretaciones son invariablemente negativas, y
parece ser que el estereotipo emerge a través de estas evaluaciones negativas.
Los medios nunca explican los cambios en la condición social en términos
históricos. La historia se evapora y no se toman en cuenta las causas de la
condición social».
Recientemente el periódico
El País publica un artículo firmado por Fernando Vallespín con el título ‘Alemania
frente a los estereotipos’. «La tragedia del avión de Germanwings
evidencia el contraste entre tópicos y realidad sobre los países del norte de
Europa» y formula el siguiente interrogante «¿Se imaginan las reacciones en la
prensa alemana y de otros países europeos de haberse tratado, digamos, de un
vuelo de Iberia Express?»
Recalcar ese contraste,
desde mi punto de vista no contribuye a debilitar o desmontar un estereotipo
sino a que se siga hablando del mismo, considerándonos víctimas de una supuesta
actitud prejuiciosa que siendo solamente una hipótesis, estamos dando por hecho
que así ocurriría y poniéndonos en guardia por algo que, seguro, sucedería..
Alimentamos estereotipos en vez de investigar y analizar acontecimientos
reales.
Como se afirma en el artículo «en algún
lugar de la cadena hubo un error que pasó desapercibido y tuvo los efectos que
ya conocemos». Estoy totalmente de acuerdo con ello y considero que
hubiera sido más oportuno preguntarse por ejemplo, si ese error ocurrido que
nadie esperaba y que lamentamos profundamente está suficientemente garantizado
que no suceda en las aerolíneas españolas o en las de cualquier otro país, es
decir, qué es lo que ha fracasado en un sistema que se supone perfecto, que nos
sirva para aprender de los fallos ajenos, o por ejemplo, si existen organismos
internacionales que vigilen y sean garantes de que se cumplan requisitos que en
un momento puedan relajarse por diferentes motivos o circunstancias. Respecto
al comentario sobre que el avión hubiera pertenecido a una compañía griega y
saliera desde Tesalónica, considero que es una elucubración innecesaria; si eso
ocurriera, en cualquier parte del mundo la tragedia sería la misma y la
pregunta que cabría formularse no sería otra que ¿cómo deberemos actuar en
adelante para que esto no se repita y ahorremos el dolor de quienes se han
visto afectados por la tragedia que no distingue de nacionalidades ni etnias?.
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